In Loving Memory

Mario Lugo Lara

Mario Lugo Lara

1964 – 2026

El amor que compartiste vivirá para siempre en nuestros corazones.

His Story

Mario, o como todos lo conocíamos, Yoyo, nunca fue solamente mi hermano. Fue una de las formas más puras de amor que nuestra familia recibió.

Cuando Yoyo nació, los doctores le dijeron a mi papá que probablemente no viviría más de 10 o 13 años. Pero Yoyo tenía otros planes. Vivió 61 años — 61 años de amor, inocencia, música, risas, carácter, independencia y alegría. Para alguien que nació con síndrome de Down en una época en la que el mundo muchas veces subestimaba a personas como él, su vida se convirtió en su propio milagro.

Pero Yoyo no solo vivió más de lo que esperaban. Vivió plenamente.

Él cambió la dinámica de toda nuestra familia, y la cambió para bien. Gracias a él aprendimos paciencia. Aprendimos ternura. Aprendimos a escuchar más allá de las palabras, a amar sin condiciones y a celebrar las cosas pequeñas que muchas veces los demás pasamos por alto. Nos enseñó que el amor no tiene que ser complicado para ser poderoso.

Yoyo estuvo presente en cada etapa importante de nuestra familia. Ahí estuvo mientras mis hermanos y yo crecíamos, siempre siendo parte de la historia, siempre siendo parte de los recuerdos. Me cargaba cuando era bebé para que me pudiera dormir. Me decía “Bebo,” un nombre que solo él podía darme y que llevaré conmigo para siempre.

Crecer con él nunca fue una carga. Fue un regalo. Fue alegría. Fue tener en la familia a alguien que conservó una inocencia que muchos vamos perdiendo conforme la vida se vuelve más difícil. Yoyo mantuvo esa inocencia. Mantuvo ese amor puro — el tipo de amor que solo unos pocos seres humanos son capaces de dar.

Su manera de hablar no siempre era fácil de entender para todos, pero para nosotros, su familia, era clara. Conocíamos sus palabras. Sabíamos lo que quería. Sabíamos que “burger boy” significaba hamburguesa, y que “fifi” podía ser Coca o Pepsi. Lo entendíamos porque el amor tiene su propio idioma, y Yoyo nos enseñó a hablarlo.

Le encantaba la música, especialmente el mariachi. Le gustaba ver la lucha libre en la televisión en el programa de niño Canun . Le encantaban El Chavo del 8, Chabelo y las caricaturas, cualquier muñeco de disney Mickey Mouse . Fue a la escuela, fue independiente a su manera, e incluso tuvo la oportunidad de ir a un programa de televisión en México. Durante su vida, también fue coronado rey de una feria local en Zapotlán — algo que le quedaba perfecto, porque de muchas maneras, él siempre fue realeza en nuestra familia.

Los últimos cinco años de la vida de Yoyo no fueron fáciles — ni para él, ni para ninguno de nosotros que lo amábamos. Conforme su salud empezó a deteriorarse rápidamente, nuestra familia tuvo que aprender otro tipo de amor: el amor que se demuestra en el cansancio, en las visitas al doctor, en las noches sin dormir, en las decisiones difíciles y en ese miedo constante de sentir que nunca estás haciendo suficiente.

Mis hermanos y yo hicimos todo lo humanamente posible para mantenerlo cómodo, rodeado de cuidados, dignidad y amor. Tuvo atención médica las 24 horas, y mi hermana Luz puso su propia vida en pausa durante dos años para cuidarlo de una manera que solo alguien con un corazón lleno de amor podría hacerlo.

A menos que hayas tenido la suerte de tener un ángel como Yoyo en tu vida, es difícil explicar todo lo que ese amor te hace estar dispuesto a hacer. Intentas todo. Das todo. Sigues buscando una forma más de hacerlo sentir cómodo, una forma más de protegerlo, una forma más de devolverle aunque sea una pequeña parte de todo lo que él te dio.

Y Yoyo nos dio tanto.

Por eso nada de lo que hicimos se sintió suficiente. No porque le hayamos fallado, sino porque su amor era tan grande que cualquier cosa que pudiéramos darle de regreso se sentía pequeña en comparación.

También estoy profundamente agradecido con mi esposo, Garrett, por su paciencia y comprensión durante esos años. Durante los últimos cinco años viajé con frecuencia para ver a Yoyo, a veces cada dos meses, y Garrett nunca lo cuestionó — ni el tiempo, ni el peso emocional, ni siquiera la carga económica. Al mismo tiempo, su propia mamá fue diagnosticada con demencia, y de 2022 a 2025, los dos tratamos de balancear el dolor, el cuidado, la distancia y la responsabilidad en ambos lados de nuestra familia.

Esos años fueron pesados. Nos cambiaron. Pero también nos recordaron lo que realmente significa la familia.

Hicimos todo lo que pudimos por Yoyo porque él ya había hecho tanto por nosotros simplemente con existir. Nos dio amor sin condiciones, alegría sin pedir nada a cambio y una inocencia que hizo a nuestra familia más noble, más fuerte y mejor.

La vida de Yoyo nos recuerda que el valor de una persona no se mide por lo que el mundo espera de ella, sino por el amor que deja atrás. Y Yoyo dejó muchísimo amor.

Fue nuestro hermano,tío, primo hijo, nuestra alegría, nuestro maestro y nuestro recordatorio de que las almas más hermosas muchas veces hablan de maneras que el corazón entiende antes que los oídos.

Vamos a extrañar su voz, su música, sus palabras, sus programas, su risa y la forma en que hizo mejor a nuestra familia simplemente por estar aquí.

Yoyo, gracias por amarnos de la manera más pura. Gracias por elegir la alegría. Gracias por ser parte de cada capítulo de nuestras vidas.

Nunca fuiste definido por el síndrome de Down. Fuiste definido por el amor.

Y ese amor se quedará con nosotros para siempre.

A Life in Moments

  1. 1964Nació el 18 de enero
  2. 2026Falleció el 6 de febrero, en Pachuca, Hidalgo

In His Memory

Mario falleció el 6 de febrero de 2026. Servicios: Boulevard Felipe Ángeles #302, Fracc. Pachoacán, Pachuca, Hidalgo.

Causes and charities to support in their memory will appear here.

Light a Candle

A light kept burning in memory of Mario Lugo Lara.